Ayer fue un día triste, como hace casi un año, cuando mi amiga Mar se fue.
El hijo del taxista y yo estuvimos escuchando Radio 3, un día entero con programación especial dedicada al gran Antonio Vega. Poeta, guitarrista, cantante, compositor excepcional que con su música nos llenó el alma.
Le dimos nuestro adiós terrenal a nuestra forma, con las lágrimas contenidas y la emoción que siempre nos ha hecho sentir, hasta en su último día. Vive con todos los que le hemos conocido y será eterno con su música. Es uno de los "Grandes de España" .
El hijo del taxista escribió:
Hace algo más de un año le hice unas fotos para Rolling Stone. Me dijeron que Antonio era impredecible y quizás no acudiría. Fue en un ensayo general con la Orquesta Sinfónica de RTVE. El tipo no aparecía y nadie sabía donde estaba.
Finalmente acudió y le vi. Tenía aspecto limpio e iba encorvado como un anciano. Por ahí rondaban algunos músicos importantes, como los de Golpes Bajos, La Unión y otros grupos. No parecía que le hicieran mucho caso, ni que hablaran con el.
Se acercó al escenario de manera insignificante, sin casi levantar la cabeza y sigilosamente volvió a desaparecer. Yo me preguntaba si conseguiría hacerle una foto. Me impresionó su aspecto tan frágil.
El ensayo general empezó y me daba la sensación que el Sr. Antonio Vega había decidido desaparecer.
Llegó el momento de su canción "Lucha de Gigantes", la orquesta se puso a tocar con estricta sensibilidad. Su primo, Nacho Vega, bajo un tenue foco azul tocaba a un lado la guitarra. Conmovido por la orquesta con las primeras notas de la canción, entre la oscuridad, vi aparecer súbitamente a Antonio Vega con un torpe paso lento. Pensé que con su aparente debilidad, de ninguna manera alcanzaría el micrófono del centro del escenario en el instante que debería empezar a cantar. Llegó al punto en cuestión y se colgó una guitarra. Una luz sutil y cenital le iluminaba desde atrás. Se dio la vuelta suavemente acercándose al micro para justo llegar en el momento decisivo del colofón y pronunciar cantando "lucha de gigantes", con tal emoción, que corrió por mi piel y por mis huesos una descarga eléctrica. He visto muchos conciertos, muchos músicos, muchos artistas, pero este señor inundó la sala con una palpitación de otro mundo, era supremo. Me estremeció tanto que me temblaban las piernas.
Yo no soy fan de nadie ni jamás lo he sido. Este tipo hizo que en mis ojos aparecieran lágrimas. Esperé hasta que acabó todo el ensayo general e intenté buscar el momento, entre las desapariciones, de pedirle al Sr. Antonio Vega el hacerle la foto. Aceptó amablemente y conseguí una foto en el mismo instante, sin poder tener tiempo de preparar la iluminación. Le di la mano y las gracias con las piernas temblorosas. Nadie me ha causado tal sensación.
Al salir del teatro mi corazón me dijo que le esperara en la calle, necesitaba acercarme a el. Esperé y esperé hasta que volví a ver al Sr. A. Vega, le seguí por detrás hasta un aparcamiento. Caminaba humildemente despacio apoyado en una mujer. Me había imantado. Nunca me ha sucedido. En el recorrido al salir, se encontró con su primo que tomaba una copa a la puerta de un bar. Se saludaron 5 segundos, palmadita en la espalda, y continuó el trayecto arrimándose a la pared buscando su protección. Solo quería decirle: "gracias por su música". No me atreví. Estaba sobrecogido y emocionado. Se marchó en un coche, engullido por el asiento del copiloto casi sin dejarse ver.
No parecía nadie importante, sin embargo era único, tenía un halo especial que le envolvía y que me caló hondo. Desde entonces tengo todos sus discos